Siempre que nosotros tenemos comunicación con otras personas, exponemos nuestras ideas. Esto se puede producir en una reunión de amigos o en el trabajo, en donde el objetivo, por lo general, es generar acciones de mejora a desarrollar. El problema es, que normalmente la exposición de ideas es muy desordenada, pues en la conversación se produce una mezcla de objetividad con diversos grados de emociones, de aspectos negativos objetivos y no objetivos, con opiniones personales, etc. En un caos como éste sólo las ideas que parecen obvias subsisten y se pierden otras muchas que pueden proporcionar excelentes resultados. en los problemas sombríos y de abrumadora responsabilidad la alegría serena, es cosa harto difícil, y, sin embargo, ¿hay algo más necesario que la alegría serena? Nada sale bien si no participa en ello la alegre travesura. Soló el exceso de fuerza es la prueba de fuerza. Una transmutación de todos los valores, interrogante negro y tremendo que proyecta sombras sobre quien lo plantea, obliga a cada instante a buscar el söl y sacudir una seriedad pesada, una seriedad que se ha vuelto demasiado pesada. Para este fin, bienvenidos sean todos los medios; cada caso es un caso de buena suerte. Sobre todo, la guerra. La guerra siempre ha sido la grande cordura de todos los espíritus que se han vuelto demasiado íntimos y profundos; hasta en la herida hay virtud curativa. Desde hace tiempo la siguiente máxima, cuyo origen escamoteo a la curiosidad erudita, ha sido mi divisa: Otro solaz, que bajo ciertas circunstancias me es aún más grato, consiste en tantear ídolos... Existen en el mundo más ídolos que realidades; tal es mi “mal de ojo” respecto a este mundo, como también mi “mal de oído”... Interrogar con el martillo y oír acaso coma respuesta ese famoso sanida hueco que dice de intestinos aquejados de flatosidad, ¡qué deleite supone para uno que tiene oídos aún detrás de los oídos!; para mí, avezado sicólogo y seductor ante el que precisamente lo que quisiera permanecer calladito tiene que hacerse oír...También este escrito-como lo revela el título-es ante todo solaz, rincón soleado, escapada a la sociedad, de un sicólogo. ¿Acaso también una nueva guerra? ¿Se tantean nuevos ídolos?... Este pequeño escrito es una gran declaración de guerra; y en cuanto al tanteo de ídolos, esta vez no son ídolos de la época, sino ídolos eternos los que aquí se tocan con el martillo como con el diapasón; no existen ídolos más antiguos, más convencidos, más inflados... ni más huecos... Lo cual no impide que sean los más creídos. Por otra parte, sobre lodo en el caso más distinguido, no se los designa en absoluto con el nombre de ídolo... En todos los tiempos, los más sabios han coincidido en este juicio acerca de la vida: no vale nada. Una y otra vez se les ha oído el mismo acento: un acento de duda, de melancolía, de cansancio de la vida, de resistencia a ella. Hasta Sócrates dijo al morir: “La vida es una larga enfermedad; debo un gallo al salvador Asclepio”. Hasta Sócrates estaba harto de vivir.Esta noción irreverente de que los grandes sabios son tipos de la decadencia, se me ocurrió precisamente en el caso en que más violentamente choca con el prejuicio erudito y profano: Sócrates y Platón se me revelaron como síntomas de decadencia, como instrumentos de la desintegración griega, como pseudogriegos, antigriegos (El origen de la tragedia, 1872). Comprendí cada vez más claramente que ese consensus sapientium lo que menos prueba es que estaban en lo cierto con aquello en que coincidían; que prueba, eso sí, que tales sabios debían coincidir en algo fisiológicamente, para adoptar así, por fuerza, una idéntica actitud negativa ante la vida. En último análisis, los juicios, de valor sobre la vida, en pro o en contra, jamás pudieron ser ciertos; sólo tienen valor como síntomas, sólo entran en consideración como síntomas. Tales juicios son en sí estúpidos. Es absolutamente preciso hacer una tentativa de aprehender esta asombrosa finesse de que el valor de la vida no puede ser apreciado. Ni por los vivos, toda vez que son parte, y aun objeto de litigio, y no jueces; ni por los muertos, por una razón diferente. El que un filósofo vea el valor de la vida como problema, se convierte en una objección contra él, en un interrogante a su sabiduría, en una falta de sabiduría. ¿Cómo? Todos esos grandes sabios ¿no solamente han sido décadents, sino que ni siquiera han sido sabios? Mas vuelvo al problema de Sócrates. Otro valor de los sombreros es que proporciona roles (actitudes) de pensamiento. Un pensador puede enorgullecerse de representar cada uno de esos roles. Sin la formalidad de los sombreros algunos pensadores se estancarían en un modo único (generalmente el negro o rojo). Si nos sentimos tan inteligentes que creemos poder prescindir de este sistema, podríamos tener en cuenta que dicho sistema haría que esa inteligencia de la que tanto nos jactamos, sea más eficaz aún. Una persona con talento natural para correr se beneficia más que otros si a ese talento aplica disciplina. Los sombreros dan una metodología para pensar, que permite que la acción de pensar sea más efectiva. No es un tema de motivación, pues la mayoría de temas versa sobre este concepto como aspecto fundamental para pasar del pensamiento a la acción. Como vemos la motivación es necesaria pero no suficiente, hace falta también mejorar la calidad del pensamiento para que la motivación, que es muy necesaria, actúe sobre terreno seguro (buenas ideas) y crezca, por el éxito de los resultados. He hablado del espíritu alemán, señalando que se vulgariza y se vuelve superficial. ¿Es esto bastante? En el fondo, lo que me aterra es otra cosa: el hecho de que declina cada vez más la seriedad alemana, la profundidad alemana, la pasión alemana por las cosas del espíritu. No solamente la intelectualidad ha cambiado, sino también el pathos. Tengo de tanto en tanto contacto con Universidades alemanas; ¡hay que ver la atmósfera, la espiritualidad pobre y sosa, tibia y contentadiza, en, que se desenvuelven allí los eruditos! Sería un grave malentendido alegar como argumento en contra la ciencia alemana, y también una prueba de que no se ha leído una sola palabra de mis escritos. Desde hace diecisiete años no me canso de denunciar la influencia desespiritualizadora de nuestro medio científico actual. La dura labor a que el volumen tremendo de las ciencias condena hoy a todos los individuos es una de las causas principales de que para los espíritus plenos, pletóricos y profundas ya no existan una educación y educadores que les sean adecuados. Nuestra cultura de nada se resiente tanto como del exceso de especialistas arrogantes y humanidades fragmentarias; nuestras Universidades son, sin proponérselo, los invernáculos propiamente dicho de esta especie de atrofia de los instintos del espíritu. Y Europa toda ya se va dando cuenta de ello; la gran política no engaña a nadie. Se generaliza cada vez más la noción de que Alemania es el llano de Europa. No he encontrado aún a un alemán con el que pueda ser serio a mi manera; ¡y menos, por supuesto, a uno con el que yo pueda ser alegre! Ocaso de los ídolos: ¡ah, quién sería capaz, hoy día, de comprender de qué seriedad se reviste aquí un filósofo! La alegría serena es lo que menos se comprende entre nosotros... Pensándolo bien, no sólo es evidente la decadencia de la cultura alemana, sino que no falta tampoco la causa que la explica de una manera convincente. En definitiva, uno no puede gastar más de lo que posee ocurre en esto con los pueblos lo mismo que con los individuos. Si se gasta todo para el poder, la gran política, la economía, el tráfico mundial, el parlamentarismo y los intereses militares; si se gasta en esta partida la cantidad de razón, seriedad, voluntad y dominio de sí mismo que existe, hay un déficit en la contrapartida. La cultura y el Estado-de nada vale cerrar los ojos ante el hecho-son antagonistas; el “Estado cultural” no es más que una idea moderna. La cultura vive del Estado, prospera a expensas del Estado, y viceversa. Todas las grandes épocas de la cultura son épocas de decadencia política; siempre lo que es grande en el sentido de la cultura ha sido apolítico, y aun antipolítico... El corazón de Goethe se abrió al fenómeno Napoleón, pero se cerró a las “guerras de liberación”... En el mismo instante en que Alemania llega a ser una potencia mundial, Francia cobra como potencia cultural renovada importancia. Ya mucha inteligencia, mucha pasión nueva del espíritu ha emigrado a París; la cuestión del pesimismo, por ejemplo, la cuestión wagneriana, casi todas las cuestiones sicológicas y artísticas, se consideran allí de una manera mucho más sutil y penetrante que en Alemania; los alemanes ni siquiera están capacitadas para esta clase de seriedad. En la historia de la cultura europea, el advenimiento del “Reich” significa más que nada un desplazamiento del centra de gravedad. En todas partes se sabe ya que en lo esencial-y la cultura sigue siendo lo esencial-ya no cuentan los alemanes. Se nos pregunta: ¿hay entre vosotros siquiera un solo espíritu que cuente en Europa, como contaron vuestro Goethe, vuestro Hegel, vuestro Heinrich Heine y vuestro Schopenhauer? El extranjero se queda estupefacto ante el hecho de que ya no hay un solo filósofo alemán. Una sugestión para los conservadores. He aquí algo que antes no se supo y ahora se sabe: no es posible la regresión, el retorno, en ningún sentido ni grado. Los fisiólogos, por lo menos, lo sabemos. Mas todos los sacerdotes y moralistas han creído en esta posibilidad; pretendían retraer a la humanidad por la fuerza a una medida anterior de virtud. La moral siempre ha sido un lecho de Procusto. Hasta los políticos han seguido en esto las huellas de los predicadores de la virtud; hay aún partidos que sueñan con la regresión de todas las cosas. Sin embargo, nadie está en libertad de retroceder. Quiérase o no, hay que avanzar, quiere decir, avanzar paso a pasó por el camina de la décadence (tal es mi definición del moderno “progreso” ... ). Se puede poner trabas a esta evolución y así estancar, acumular, hacer más vehemente y fulminante la degeneración misma, aunque no se pueda hacer más. Mi concepto del genio. Los grandes hombres, como las grandes épocas, son explosivos donde está acumulado un poder tremendo; su propósito es siempre, en el orden histórico y el fisiológico, que durante largo tiempo se haya concentrado, acumulado, ahorrado y preservado con miras a ellos; que durante largo tiempo no haya ocurrido ninguna explosión. Cuando la tensión en la masa se ha hecho excesiva, basta el estímulo más casual para producir el “genio”, la “magna realización”, el gran destino. ¡Qué importa entonces el ambiente, la época, el “espíritu de la época”, la “opinión pública”! Veamos el caso de Napoleón. La Francia de la Revolución, y sobre todo la de antes de la Revolución, hubiera producido el tipo opuesto al de Napoleón; y lo produjo, en efecto. Y porque Napoleón fue diferente, heredero de una civilización más fuerte, más larga, más antigua que aquella que se venía abajo en Francia, llegó a ser amo, fue únicamente el amo. Los grandes hombres son necesarios, la época en que se presentan es accidental; el que casi siempre lleguen a dominarla depende sólo de que sean más fuertes, más antiguos; de que durante más tiempo se hayan concentrado y acumulado con algún propósito. Entre un genio y su época existe una relación como entre lo fuerte y lo débil, también como entre lo viejo y lo joven; la época siempre es relativamente mucho más joven, floja, falta de madurez, falta de seguridad, infantil. Que prevalezca ahora en Francia una noción muy diferente sobre este asunto (también en Alemania, pero no importa); que allí la teoría del milieu, una verdadera teoría de neuróticos, haya llegado a ser sacrosanta y casi científica, aceptada hasta por los fisiólogos, “huele mal” e invita pensamientos melancólicos. Tampoco en Inglaterra se piensa sobre el particular; pero nadie se aflija. Al inglés le están abiertos tan sólo dos caminos: entendérselas con el genio y “gran hombre”, ya sea democráticamente, al modo de Buckle, o religiosamente, al modo de Carlyle. El peligró que entrañan los grandes hombres y las grandes épocas es extraordinario; les sigue de cerca el agotamiento en todo sentido, la esterilidad. El gran hombre es un final. El genio, en la obra, en la magna realización, es necesariamente un derrochador; el gastarse es su grandeza... El instinto de conservación está en él, en cierto modo, desconectado; la irresistible presión de las fuerzas desbordantes le impide todo cuidado y cautela de esta índole. Se le llama a esto “abnegación”; se ensalza el “heroísmo” de tal actitud, la indiferencia hacia el propio bienestar, la devoción por una idea, por una magna causa, por una patria; pero se trata, sin excepción, de malentendidos... El gran hombre rebosa, se desborda, se gasta sin reservas; fatalmente, involuntariamente, como es involuntario el desbordamiento de un río. Mas porque se debe mucho a tales expansiones se les ha desarrollado una especie de moral superior... Y bueno, es propio de la gratitud humana entender mal a sus bienhechores.
No es para tanto
Una causa que actúa constantemente en la diferenciación del tiempo de venta, y por tanto del tiempo de rotación en general, es la distancia a que el mercado en que ha de venderse la mercancía se halla de su centro de producción. Durante el tiempo que aquélla tarda en llegar al mercado, el capital permanece bajo la forma de capital–mercancías; sí las mercancías se producen por encargo, conserva esa forma hasta el momento de su entrega; en otro caso, al tiempo que la mercancía tarda en llegar al mercado hay que añadir el tiempo que permanece allí esperando a ser vendida. La mejora de los medios de comunicación y de transporte abrevia en términos absolutos el período de desplazamiento de la mercancía, pero no suprime la diferencia relativa nacida del desplazamiento en cuanto al tiempo de circulación de los distintos capitales–mercancías o de las distintas partes del mismo capital–mercancías desplazadas a distintos mercados. Por ejemplo, los barcos de vela y de vapor perfeccionados, que acortan los viajes, los acortan lo mismo para los puertos próximos que para los lejanos. La diferencia relativa se mantiene en pie, aunque frecuentemente reducida. Sin embargo, puede ocurrir que, al desarrollarse los medios de transporte y de comunicación, las diferencias relativas se desplacen de un modo que no corresponde a las distancias naturales. Así, por ejemplo, un ferrocarril tendido entre el lugar de producción y un centro fundamental de población del interior del país puede alargar en términos absolutos o relativos la distancia hacía un punto más cercano del país no comunicado con aquél por ferrocarril, en comparación con el que geográficamente se halla más distante que él. Y puede también ocurrir, por efecto de la misma circunstancia, que se desplace la distancia relativa de los centros de población con respecto a los mercados más importantes, que es lo que explica la decadencia de los antiguos y el auge de nuevos centros de producción, al modificarse los medios de comunicación y de transporte. (A esto hay que añadir la mayor baratura relativa del transporte para distancias largas que para trayectos cortos.) A medida que se desarrollan los medios de transporte, no sólo se acelera la velocidad del movimiento en el espacio, acortándose con ello las distancias geográficas. No sólo se desarrolla la masa de los medios de comunicación, multiplicándose, por ejemplo, el número de barcos que salen simultáneamente hacía el mismo puerto o el número de trenes que circulan a un tiempo por distintos ferrocarriles entre las mismas estaciones, sino que durante la semana, por ejemplo, en días sucesivos, navegan constantemente barcos de carga entre Liverpool y Nueva York o, en distintas horas del día, trenes de mercancías entre Manchester y Londres. Es cierto que esto, partiendo de un rendimiento dado de los medios de transporte, no altera la velocidad absoluta –ni, por tanto, esta parte del tiempo de circulación–. Pero cantidades sucesivas de mercancías pueden expedirse en períodos sucesivos de más corta duración y llegar así sucesivamente al mercado, sin acumularse en grandes masas como capital potencial en mercancías hasta su envío efectivo. Esto hace, además, por tanto, que el reflujo del capital se reparta entre períodos de tiempo sucesivos más cortos, haciendo que una parte se convierta constantemente en capital–dinero, mientras la parte restante circula como capital– mercancías. Mediante este reparto del reflujo del capital en varios períodos sucesivos se acorta el tiempo total de circulación y también, como es lógico, el tiempo de rotación. En primer lugar, la mayor o menor frecuencia con que funcionan los medios de transporte, por ejemplo el número de trenes que circulan en un ferrocarril, se desarrolla, de una parte, a medida que un centro de producción va produciendo más, se convierte en un centro de producción más importante y orientado hacia el mercado de ventas ya existente y, por tanto, hacía los grandes centros de producción y población, puertos de exportación, etc. De otra parte, esta especial facilidad de comunicaciones y la rotación acelerada del capital que lleva consigo (en la medida en que se halla condicionada por el tiempo de rotación) determina, a la inversa, una concentración acelerada del centro de producción, de un lado, y de otro de su mercado. Al acelerarse así la concentración de masas de hombres y de capital en determinados puntos, avanza la concentración de estas masas de capital en pocas manos. Al mismo tiempo, se produce un desplazamiento como consecuencia del cambio relativo de situación de los centros de producción y de los mercados, que llevan consigo los cambios operados en los medios de comunicación. Centros de producción que antes tenían una situación privilegiada, por hallarse emplazados junto a un camino o un canal, aparecen ahora situados al lado de vías de comunicación secundarias que sólo funcionan a intervalos relativamente grandes, mientras que otros puntos, desviados antes de las grandes vías de comunicación, aparecen ahora emplazados en el cruce de varios caminos o ferrocarriles. Como consecuencia de esto, los segundos toman auge y los primeros decaen. Los cambios operados en los medios de transporte determinan asimismo una serie de diferencias locales en cuanto al tiempo de circulación de las mercancías, a la posibilidad de comprar y vender, etc., o distribuyen de un modo distinto las diferencias locales ya existentes. La importancia que esto tiene para la rotación del capital se revela en los litigios que surgen entre los representantes comerciales e industriales de las diversas localidades con las empresas ferroviarias (Véase, por ejemplo, el Libro Azul del Railway Committee, citado más arriba [pp. 126–7]. De putas en Barcelona Sobre el segundo punto. Es evidente que la parte del trabajo social y de los medios sociales de producción que ha de invertirse anualmente en producir o comprar oro, para reponer las monedas desgastadas, viene a mermar pro tanto en la misma medida el volumen de la producción social. Pero, en lo que se refiere al valor–dinero que funciona en parte como medio de circulación y en parte como tesoro, éste existe, como algo adquirido, al lado de la fuerza de trabajo, de los medios de producción producidos y de las fuentes naturales de la riqueza. No puede ser considerado como límite de éstos. Al convertirse en medios de producción, mediante el cambio con otros pueblos, podría aumentar la escala de la producción. Pero esto presupone que el dinero siga desempeñando igual que antes su papel de dinero universal. De putas en BCN Sí 500 libras esterlinas de capital variable producen 500 libras, 5,000 producirán, como es lógico, una plusvalía de 10 X 500 = 5,000 libras. Ahora bien, el capital variable desembolsado es = 500 libras. La proporción entre la masa global de plusvalía producida durante el año y la suma de valor del capital variable desembolsado es lo que llamamos la cuota anual de plusvalía. Esta será, pues, en nuestro ejemplo De putas Por tanto, el capital total de 900 libras desembolsado ha funcionado como capital productivo 5 2/3 veces en un año. Para los efectos de la producción de plusvalía es indiferente el modo como se distribuya el capital entre el período de producción y el de distribución, siempre que sea por partes iguales: tanto da que haya 450 libras esterlinas constantemente en el primero y 450 en el segundo o que las 900 libras esterlinas permanezcan 4½ semanas en uno y 4½ semanas en otro. Putas Barcelona Más arriba hemos visto que “allí donde la producción presenta forma capitalista, la presenta también la reproducción. En el régimen capitalista de producción el proceso de trabajo no es más que un medio para el proceso de valorización; del mismo modo, la reproducción es simplemente un medio para reproducir como capital, es decir, como valor que se valoriza, el valor desembolsado" (libro I, cap. XXI, p. 512). Putas Madrid Lo que puede tener de misterioso este fenómeno desaparece tan pronto como colocamos los dos capitales, el A y el B, no sólo de un modo aparente, sino de un modo real, exactamente bajo las mismas circunstancias. Estas sólo se dan cuando el capital variable B se invierte íntegramente dentro del mismo plazo de tiempo en el pago de fuerza de trabajo que el capital A. Saunas eróticas en valencia La cosa es evidente cuando el dinero así acumulado es dinero adicional. Este dinero sólo puede ser una parte del oro adicional procedente de los países productores de este metal. Debe tenerse presente que el producto nacional entregado a cambio de este oro deja de existir dentro del país. Emigra al extranjero, en sustitución del oro que afluye a él. Relax y saunas en Barcelona Esta segunda edición es, substancialmente, una reproducción literal de la primera. Me he limitado a corregir las erratas de imprenta, a subsanar algunos descuidos de estilo y a suprimir algunos párrafos breves que no contenían más que repeticiones. Clubs de alterne en Huesca En una inversión de capital, los distintos elementos que forman el capital fijo tienen distinto tiempo de vida y también, por tanto, distintos tiempos de rotación. En un ferrocarril, por ejemplo, los rieles, las traviesas, las trincheras y los terraplenes, los edificios de las estaciones, los puentes, los túneles, las locomotoras y el material rodante duran en su funcionamiento distinto tiempo y tienen también distinto tiempo de rotación. Los edificios, los andenes, los depósitos de agua, los viaductos, los túneles, las trincheras y los muros de contención de la vía, en una palabra, lo que en la técnica ferroviaria inglesa se llaman las Works of art (10) no necesitan ser renovados durante una larga serie de años. Los objetos que más se desgastan son la vía férrea y el material rodante (rolling stock). Madrid agencias relax El supuesto de que partimos es el de que todo el capital desembolsado pasa siempre, en bloque, de una de sus fases a la otra y de que, por tanto, aquí el producto en mercancías de P encierra el valor total del capital productivo P = 422 libras esterlinas + la plusvalía creada durante el proceso de producción = 78 libras esterlinas. En nuestro ejemplo, en que se trata de un producto discreto en mercancías, la plusvalía existe bajo la forma de 1,560 libras de hilo; lo mismo que, si lo calculásemos sobre la base de 1 libra de hilo, revestiría la forma de 2,496 onzas de hilo. En cambio, si el producto en mercancías fuese, por ejemplo, una máquina de 500 libras esterlinas y con la misma proporción de valor, una parte del valor de esta máquina equivaldría, indudablemente a 78 libras esterlinas, pero estas 78 libras sólo existirían dentro de la máquina en conjunto. La máquina no podría dividirse en valor capital y plusvalía sin hacerla pedazos, destruyendo con ello su utilidad y, por tanto, su valor. Por consiguiente, esas dos partes integrantes del valor sólo pueden representarse idealmente como partes integrantes de la materialidad de la mercancía y no como elementos independientes de la mercancía M´, al modo como cada libra de hilo puede representarse como un elemento separable y una mercancía independiente dentro de las 10,000 libras. En el primer caso, hay que vender íntegramente la mercancía global, el capital–mercancías, la máquina, para que pueda iniciar su órbita propia de circulación. En cambio, si el capitalista vende 8,440 libras de hilo, la venta de las 1,560 libras restantes constituirá una circulación totalmente aparte de la plusvalía con arreglo a la forma m (1,560 libras de hilo)–d (78 libras esterlinas) = M (artículos de consumo). Pero los elementos de valor de cada parte alícuota del producto hilo de 10,000 libras pueden representarse en partes del producto, exactamente lo mismo que en el producto en su totalidad. Del mismo modo que estas 10,000 libras de hilo se pueden dividir en valor del capital constante (c), 7,440 libras de hilo con un valor de 372 libras esterlinas, valor del capital variable (v), 1,000 libras de hilo con un valor de 50 libras esterlinas, y plusvalía (p), 1,560 libras de hilo equivalente a 78 libras esterlinas, cada libra de hilo puede dividirse en c = 11,904 onzas con un valor de 8,928 peniques, v = 1,600 onzas de hilo con un valor de 1,200 peniques y p = 2,496 onzas de hilo con un valor de 1,872 peniques. El capitalista podría también, conforme fuese realizando, en ventas sucesivas, las 10,000 libras de hilo, ir consumiendo sucesivamente los elementos de plusvalía contenidos en las porciones sucesivas de la mercancía, realizando de este modo, también sucesivamente, la suma de c + v. Pero esta operación supone igualmente, en último término, la venta total de las 10,000 libras de hilo y, por tanto, la reposición del valor de c y v mediante la venta de 8,440 libras (libro I, cap. VII, pp. 179–182). putas a domicilio El capital A, que describe diez rotaciones al año, se desembolsa diez veces durante el año. Es como si volviese a desembolsarse para cada nuevo período de rotación. Pero, al mismo tiempo, en el capital A no se desembolsa nunca más que el mismo valor–capital de 500 libras esterlinas ni se dispone en realidad más que de esa cantidad para atender el proceso de producción. Al terminar un ciclo estas 500 libras esterlinas, las pone a recorrer de nuevo el mismo ciclo; el capital, por su propia naturaleza, sólo conserva el carácter de tal funcionando constantemente como capital en repetidos procesos de producción. Aquí, el capital de 500 libras sólo se desembolsa para 5 semanas. Sí la rotación se prolonga más, el capital desembolsado no alcanza. Sí se acorta, quedará una parte sobrante. No se desembolsan diez capitales de 500 libras cada uno, sino un solo capital de 500 libras, desembolsado por diez veces, en períodos sucesivos. Por tanto, la cuota anual de plusvalía no se imputa a un capital de 500 libras desembolsado diez veces, o sea, a 5,000 libras, sino a un capital de 500 libras desembolsado una sola vez; del mismo modo que 1 tálero, aunque circule diez veces, no representa más que un solo tálero puesto en circulación, no obstante hacer las funciones de 10 táleros. Por muchas veces que cambie de mano, en poder de la persona en cuyas manos se encuentre en cada momento sigue representando el mismo valor idéntico de 1 tálero. dama de compañía Después de 1870, sobrevino una nueva pausa, debida principalmente a enfermedades. Como de costumbre, Marx ocupó este tiempo en estudios: agronomía, el régimen rural norteamericano y principalmente ruso, el mercado de dinero y el sistema bancario, y por último las ciencias naturales, la geología y la fisiología, y sobre todo ciertos trabajos matemáticos emprendidos por cuenta propia, forman el contenido de los numerosos cuadernos de extractos de esta época. A comienzos de 1877, Marx sintióse ya lo suficientemente repuesto para acometer de nuevo su trabajo más importante. Algunas referencias y notas de los cuatro manuscritos ya mencionados como base para una refundición del libro II, cuyo comienzo se contiene en el manuscrito V (56 páginas en folio), datan de fines de marzo de 1877. Este manuscrito contiene los primeros cuatro capítulos y aparece todavía poco desarrollado; algunos puntos esenciales se tratan en notas al pie del texto; la materia está reunida más bien que ordenada, pero es la última exposición completa de esta parte, la más importante de la sección primera. Un primer intento de sacar de aquí una redacción apta para ser entregada a la imprenta lo tenemos en el manuscrito VI (posterior a octubre de 1877 y anterior a julio del 78); solamente 17 páginas en cuarto, que abarcan la mayor parte del primer capítulo, y un segundo ensayo –el último– en el manuscrito VII, "2 de julio de l878", 7 páginas en folio solamente. compañia intima
Poner cara de ajo pocho.
Con más frecuencia que esta hipnotista amortiguación global de la sensibilidad, de la capacidad dolorosa, amortiguación que presupone ya fuerzas más raras, ante todo coraje, desprecio de la opinión, «estoicismo intelectual», empléase contra los estados de depresión un training [entrenamiento] distinto, que es, en todo caso, más fácil: la actividad maquinal. Está fuera de toda duda que una existencia sufriente queda así aliviada en un grado considerable: a este hecho se le llama hoy, un poco insinceramente, «la bendición del trabajo». El alivio consiste en que el interés del que sufre queda apartado metódicamente del sufrimiento, –– en que la conciencia es invadida de modo permanente por un hacer y de nuevo sólo por un hacer, y, en consecuencia, queda en ella poco espacio para el sufrimiento: ¡pues es estrecha esa cámara de la conciencia humana! La actividad maquinal y lo que con ella se relaciona ––como la regularidad absoluta, la obediencia puntual e irreflexiva, la adquisición de un modo de vida de una vez para siempre, el tener colmado el tiempo, una cierta autorización, más aún, una crianza para la «impersonalidad», para olvidarse a––sí––mismo, para la incuria sui lei 102[descuido de sí]––: ¡de qué modo tan profundo y delicado ha sabido el sacerdote ascético utilizar estas cosas en la lucha contra el dolor! Justo cuando tenía que tratar con personas sufrientes de los estamentos inferiores, con esclavos del trabajo o con prisioneros (o con mujeres: las cuales son, en efecto, en la mayoría de los casos, ambas cosas a la vez, esclavos del trabajo y prisioneros), el sacerdote ascético necesitaba de poco más que de una pequeña habilidad en cambiar los nombres y en rebautizar las cosas para, a partir de ese momento, hacerles ver un alivio, una relativa felicidad en cosas odiadas: ––el descontento del esclavo con su suerte no ha sido inventado en todo caso por los sacerdotes. –– Un medio más apreciado aún en la lucha contra la depresión consiste en prescribir una pequeña alegría, que sea fácilmente accesible y pueda convertirse en regla; esta medicación se usa a menudo en conexión con la antes mencionada. La forma más frecuente en que la alegría es así prescrita como medio curativo es la alegría del causar––alegría (como hacer beneficios, hacer regalos, aliviar, ayudar, persuadir, consolar, alabar, tratar con distinción); al prescribir «amor al prójimo», el sacerdote ascético prescribe en el fondo con ello una estimulación de la pulsión más fuerte, más afirmadora de la vida, si bien en una dosis muy cauta, una estimulación de la voluntad de poder. Esa felicidad de la «superioridad mínima» que todo hacer beneficios, todo socorrer, ayudar, tratar con distinción llevan consigo, es el más frecuente medio de consuelo de que suelen servirse los fisiológicamente impedidos, suponiendo que estén bien aconsejados: en caso contrario, se causan daño unos a otros, obedeciendo, naturalmente, al mismo instinto básico. Cuando se investigan los comienzos del cristianismo en el mundo romano, se encuentran asociaciones destinadas al apoyo mutuo, asociaciones para ayudar a pobres, a enfermos, para realizar los enterramientos, nacidas en el suelo más bajo de la sociedad de entonces, asociaciones en las cuales se cultivaba, con plena conciencia, este medio principal contra la depresión, a saber, la pequeña alegría, la alegría de la mutua beneficencia, –– ¿tal vez entonces era esto algo nuevo, un auténtico descubrimiento? En esa «voluntad de reciprocidad» así suscitada, en esa voluntad de formar un rebaño, una «comunidad», un cenáculo, la voluntad de poder así estimulada, bien que en mínimo grado, tiene que llegar a su vez a una irrupción nueva y mucho más completa: formar un rebaño es un paso y una victoria esenciales en la lucha contra la depresión. El crecimiento de la comunidad fortalece, incluso para el individuo, un nuevo interés, que muy a menudo le lleva más allá del elemento personalísimo de su fastidio, de su aversión contra sí (la despectio sui [desprecio de sí] de Geulincx). Todos los enfermos, todos los enfermizos tienden instintivamente, por un deseo de sacudirse de encima el sordo desplacer y el sentimiento de debilidad, hacia una organización gregaria: el sacerdote ascético adivina ese instinto y lo fomenta; donde existen rebaños, es el instinto de debilidad el que ha querido el rebaño, y la inteligencia del sacerdote la que lo ha organizado. Pues no se debe pasar por alto esto: por necesidad natural tienden los fuertes a disociarse tanto como los débiles a asociarse; cuando los primeros se unen, esto ocurre tan sólo con vistas a una acción agresiva global y a una satisfacción global de su voluntad de poder, con mucha resistencia de la conciencia individual; en cambio, los últimos se agrupan, complaciéndose cabalmente en esa agrupación, –– su instinto queda con esto apaciguado, tanto como queda irritado e inquietado en el fondo por la organización el instinto de los «señores» natos (es decir, de esa especie de solitarios animales rapaces llamada hombre). Bajo toda oligarquía yace siempre escondida ––la historia entera lo enseña–– la concupiscencia tiránica; toda oligarquía se estremece permanentemente a causa de la tensión que todo individuo necesita poner en juego en ella para continuar dominando tal concupiscencia. (Esto ocurría, por ejemplo, en Grecia: Platón lo atestigua en cien pasajes, Platón, que conocía a sus iguales ––y a sí mismo...) masajes A las tres potencias fisiológicas fundamentales corresponden los tres gunas o propiedades fundamentales de los indos. Tamas-Guna, torpeza, tontería, corresponde a la potencia reproductiva —RajasGuna, apasionamiento, a la irritabilidad—; y Sattva‑Guna, sabiduría y virtud, a la sensibilidad. Y si se añade que tamasguna es la suerte de los animales, rajasguna la de los hombres y sattvaguna la de los dioses, queda expresado de manera más mitológica que fisiológica. acompañante barcelona 2) Por los títulos de la Deuda pública. Estos no constituyen en modo alguno capital, sino que son simples créditos que dan derecho a una parte del producto anual de la nación. escort catalana Yo no puedo hacer otra cosa que señalar de antemano este peligro y prevenir contra él a los lectores que buscan la verdad. En la ciencia no hay calzadas reales, y quien aspire a remontar sus luminosas cumbres tiene que estar dispuesto a escalar la montaña por senderos escabrosos. Relax Madrid Sin embargo, los fabricantes no consintieron que este proceso se impusiese sin la compensación de otro "retroceso". A instancia suya, el parlamento redujo la edad mínima de los niños aptos para el trabajo de 9 años a 8, con objeto de garantizar al capital el abastecimiento adicional de niños para las fábricas" a que aquél tenía derecho ante Dios y ante la ley.109 videos de chicas Mas, para que exista verdadero sistema de maquinaria y no una serie de máquinas independientes, es necesario que el objeto trabajado recorra diversos procesos parciales articulados entre sí como otras tantas etapas y ejecutados por una cadena de máquinas diferentes, pero relacionadas las unas con las otras y que se complementen mutuamente. Aquí, volvemos a encontrarnos con aquella cooperación basada en la división del trabajo característica de la manufactura, pero ahora como combinación de diferentes máquinas parciales. Las herramientas específicas de los diversos obreros especializados, por ejemplo –fijándonos en la manufactura lanera–, del que apalea la lana, del que la carda, del que la tritura, del que la hila, etc., se convierten ahora en herramientas de otras tantas máquinas específicas de trabajo, cada una de las cuales constituye un órgano especial creado para una función especial dentro del sistema del mecanismo instrumental combinado. La manufactura aporta al sistema de maquinaría, en aquellas ramas en que primero se introduce, la base elemental de la división del trabajo, y, por tanto, de la organización del proceso de producción.16, Sin embargo, inmediatamente se interpone una diferencia sustancial. En la manufactura, los obreros, aisladamente o en grupos, tienen que ejecutar cada proceso parcial específico con sus herramientas. Y si el obrero es asimilado por el proceso de producción, éste ha tenido que adaptarse antes al obrero. En la producción a base de maquinaria desaparece este principio subjetivo de división del trabajo. Aquí. el proceso total se convierte en objetivo, se examina de por sí, se analiza en las fases que lo integran, y el problema de ejecutar cada uno de los procesos parciales y de articular estos diversos procesos parciales en un todo se resuelve mediante la aplicación técnica de la mecánica, la química, etc.17 para lo cual, como es lógico, las ideas teóricas han de ser necesariamente corregidas y completadas, ni más ni menos que antes, en gran escala, por la experiencia práctica acumulada. Cada máquina parcial suministra la materia prima a la que le sigue inmediatamente, y como todas ellas trabajan al mismo tiempo, el producto se encuentra constantemente recorriendo las diversas fases del proceso de fabricación, a la par que en el tránsito de una fase de producción a otra. Y así como en la manufactura la cooperación directa de los obreros parciales crea una determinada proporción numérica, entre los diversos grupos de obreros, en el sistema orgánico establecido a base de maquinaria el funcionamiento constante de las máquinas parciales en régimen de cooperación crea una proporción determinada entre su número, su volumen y su velocidad. La máquina de trabajo combinada, que ahora es un sistema orgánico de diversas máquinas y grupos de máquinas, es tanto más perfecta cuanto más continuo es su proceso total, es decir, cuanto menores son las interrupciones que se deslizan en el tránsito de la materia prima desde la primera fase hasta la última y, por tanto, cuanto menor es la intervención de la mano del hombre en este proceso y mayor la del mismo mecanismo, desde la fase inicial hasta la fase final. Sí en la manufactura el aislamiento de los procesos diferenciados es un principio dictado por la propia división del trabajo, en la fábrica ya desarrollada impera el principio de la continuidad de los procesos específicos. girlsbcn Los contingentes expulsados de sus tierras al disolverse las huestes feudales y ser expropiados a empellones y por la fuerza de lo que poseían, formaban un proletariado libre y privado de medios de existencia, que no podía ser absorbido por las manufacturas con la misma rapidez con que se le arrojaba al arroyo. Por otra parte, estos seres que de repente se veían lanzados fuera de su órbita acostumbrada de vida, no podían adaptarse con la misma celeridad a la disciplina de su nuevo estado. Y así, una masa de ellos fueron convirtiéndose en mendigos, salteadores y vagabundos; algunos por inclinación, pero los más, obligados por las circunstancias. De aquí que, a fines del siglo XV y durante todo el XVI, se dictasen en toda Europa occidental una serie de leyes persiguiendo a sangre y fuego el vagabundaje. De este modo, los padres de la clase obrera moderna empezaron viéndose castigados por algo de que ellos mismos eran víctimas, por verse reducidos a vagabundos y mendigos. La legislación los trataba como a delincuentes “voluntarios” como si dependiese de su buena voluntad el continuar trabajando en las viejas condiciones, ya abolidas.
La Comisión investigadora de 1862 había propuesto también que se reglamentase de nuevo la industria minera, industria que se distingue de todas las demás en que en ella se dan la mano los intereses de terratenientes y capitalistas industriales. El antagonismo de estos dos intereses encontrados había favorecido a la legislación fabril: como en la minería no existe antagonismo están explicadas todas las dilaciones y mortificaciones que la legislación minera hubo de sufrir. La Comisión investigadora de 1840 había hecho descubrimientos tan terribles e indignantes y provocado un escándalo tan grande ante los ojos de toda Europa, que el parlamento no tuvo más remedio que dejar a salvo su conciencia con el Mining Act de 1842, en el que se limitó a prohibir el trabajo de las mujeres y niños menores de 10 años en las labores subterráneas. relax valencia “La industria manchesteriana –dice un libro publicado por el doctor Aikin en 1795– puede dividirse en cuatro períodos. En el primero, los fabricantes veíanse obligados a trabajar ahincadamente para ganarse la vida.” Se enriquecían principalmente robando a los padres que les entregaban a sus chicos como aprendices, pagando por ello buenas sumas de dinero y dejando que matasen de hambre a sus hijos. Además, en esta época, las ganancias corrientes eran exiguas y la acumulación exigía un gran ahorro. Estos fabricantes vivían corno atesoradores y no gastaban, ni con mucho, los intereses de su capital. “En el segundo periodo, comenzaban ya a reunir pequeñas fortunas, pero seguían trabajando tan duramente como antes”, pues la explotación directa de todo trabajo cuesta también trabajo, como todo capataz de esclavos sabe muy bien, "y seguían viviendo con la misma frugalidad... En el tercer período, comenzó el lujo y el negocio se extendió mediante el envío de jinetes (viajantes de comercio a caballo), encargados de recoger los encargos en todos los mercados del Reino. Casi puede asegurarse que antes de 1690 existían pocos o ningún capital de 3,000 a 4,000 libras esterlinas adquiridos en la industria. Pero, por ese tiempo o algo después, los industriales habían acumulado ya dinero y comenzaron a construir casas de piedra en sustitución de las de madera y cal... Todavía en los primeros decenios del siglo XVIII, el fabricante de Manchester que obsequiase a sus huéspedes con una pinta de vino extranjero se exponía a las murmuraciones y a los reproches de todos sus vecinos”. Antes de la aparición de la maquinaria, el consumo diario de los fabricantes, en las tabernas en que se reunían por las noches, no excedía nunca de 6 peniques por un vaso de punch y 1 Penique por un rollo de tabaco. Hasta 1758, año que hace época, no arrastra “coche propio ni una sola persona realmente dedicada a la industria”. “El cuarto período –último tercio del siglo XVIII– es un período de gran lujo y derroche, fomentados por el auge de los negocios.19 ¡Que diría el bueno del Dr. Aikin, si resucitase en el Manchester de nuestros días! chicas compañía Esta forma nueva a que nos estamos refiriendo, expresa los valores del mundo de las mercancías en una sola clase de mercancías destacada de entre ellas, por ejemplo el lienzo, de tal modo que los valores de todas las mercancías se acusan por su relación con ésta. Ahora, tal valor de cada mercancía, considerada como algo igual al lienzo, no sólo se distingue de su propio valor de uso, sino de todo valor de uso en general, que es precisamente lo que le permite expresarse como aquello que tiene de común con todas las mercancías. Esta forma es, pues, la que relaciona y enlaza realmente a todas las mercancías como valores, la que hace que se manifiesten como valores de cambio las unas respecto a las otras. bcnbox En la circulación simple, el valor de las mercancías reviste, a lo sumo, frente a su valor de uso, la forma autónoma del dinero: en cambio, aquí se nos presenta súbitamente como una sustancia progresiva, con movimientos propios, de que la mercancía y el dinero no son más que simples formas. Aún hay más. En vez de representar relaciones entre mercancías, el valor aparece revistiendo, como si dijéramos, una relación privada consigo mismo. Considerado como valor originario se distingue de sí mismo en cuanto plusvalía, a la manera como el Dios Padre se distingue del Dios Hijo, aunque ambos tengan la misma edad y formen de hecho una sola persona, pues la plusvalía de 10 libras esterlinas es lo que convierte a las 100 libras esterlinas en capital, y tan pronto como esto ocurre, tan pronto como el Hijo, y, a través de él el Padre, es engendrado, se borran de nuevo sus diferencias, y ambos se reducen a una unidad, a 110 libras esterlinas. offset El dinero considerado como dinero y el dinero considerado como capital no se distinguen, de momento, más que por su diversa forma de circulación. bares de copas en girona Con la deuda pública, surgió un sistema internacional de crédito, detrás del cual se esconde con frecuencia, en tal o cual pueblo, una de las fuentes de la acumulación originaria. Así, por ejemplo, las infamias del sistema de rapiña seguido en Venecia constituyen una de esas bases ocultas de la riqueza capitalista de Holanda, a quien la Venecia decadente prestaba grandes sumas de dinero. Otro tanto acontece entre Holanda e Inglaterra. Ya a comienzos del siglo XVIII, las manufacturas holandesas se habían quedado muy atrás y este país había perdido la supremacía comercial e industrial. Desde 1701 hasta 1776, uno de sus negocios principales consiste en prestar capitales gigantescos, sobre todo a su poderoso competidor: a Inglaterra. Es lo mismo que hoy ocurre entre Inglaterra y los Estados Unidos. Muchos de los capitales que hoy comparecen en Norteamérica sin cédula de origen son sangre infantil recién capitalizada en Inglaterra. Oscus Barcelona A instancia de Mr. Gladstone, la Cámara de los Comunes ordenó el 17 de febrero de 1867 que se hiciese una estadística del trigo, cereales y harinas de todas clases importados y exportados a los Estados Unidos. A continuación, doy los resultados resumidos de esta estadística, reduciendo la harina a quarter de trigo (ver el cuadro de la página siguiente). La enorme capacidad de expansión del régimen fabril y su supeditación al mercado mundial imprimen forzosamente a la producción un ritmo fabril seguido de un abarrotamiento de los mercados que, al contraerse, producen un estado de paralización. La vida de la industria se convierte en una serie de períodos de animación media, de prosperidad, de superproducción, de crisis y de estancamiento. La inseguridad y la inconsistencia a que las máquinas someten al trabajo, y por tanto a la situación y la vida del obrero, adquieren un carácter de normalidad con estas alternativas periódicas del ciclo industrial. Descontadas las épocas de prosperidad, se desata entre los capitalistas una lucha encarnizada por el reparto individual del botín de los mercados. La parte correspondiente a cada capitalista se halla en razón directa a la baratura de sus productos. Y, aparte de la rivalidad que esto determina en cuanto al empleo de máquinas mejores que suplan la fuerza de trabajo y de nuevos métodos de producción, llega siempre un punto en que los fabricantes aspiran a abaratar las mercancías disminuyendo violentamente los salarios por debajo del valor de la fuerza de trabajo.149 Barcelona pisos 198 En los altos hornos, “el trabajo se intensifica, por lo general, al final de la semana, por la costumbre que tienen los obreros de holgar los lunes y a veces también, total o parcialmente los martes.” (Child. Empl. Comm. III Rep. p. VI) “Los pequeños maestros tienen, generalmente, una jornada de trabajo muy irregular. Pierden dos o tres días a la semana, y luego trabajan toda la noche para recuperar el tiempo perdido... Y si tiene niños, los hacen trabajar también.” (L. c., p. VII.) “La falta de regularidad al ponerse a trabajar fomentada por la posibilidad y la práctica de recobrar el tiempo perdido matándose luego a trabajar.” (L. c., p. XVIII.) “El enorme tiempo que se pierde en Birmingham... holgando una parte del tiempo para matarse a trabajar después.” (L. c., p. XI.)